April 20, 2008
- ¡Hola María! ¿Qué tal va el devenir de tu existencia? Hacía tanto tiempo que no te veía que no me acordaba de las estrellas que cultivas en el fondo de los ojos.
- Hola, ¿qué tal? Mi devenir fluye, aunque con los disgustos se me ha muerto alguna estrella. ¿Y tú? ¿Sigues con tus planes de viajar a Venus? ¿Has conseguido el crédito para la lanzadera con claveles que soñabas en el colegio?
- Bueno, todavía estoy ahorrando. Los del banco me miran mal porque no les gusta cómo canto cuando voy a visitarles y me parece que tendré que conformarme con una cápsula con cactus para llegar hasta la Luna. Ya sabes, allí los cactus crecen hermosos.
- Pues sí. Así es la vida. Siempre mirando al horizonte para no llegar más allá del marco de la ventana. ¿Te acuerdas cuando dábamos la vuelta al mundo con la mirada? Acabábamos viendo nuestra propia espalda.
- Sí, cuánto nos hemos reído. Yo ya sólo canto cuando duermo y encima mi novio me despierta a cada rato porque no le dejo dormir. Moriremos de aburrimiento.
- No; moriremos de inteligencia.
February 5, 2008
Ella lo ve acercarse. Incauto. Ignorante. Él no la ha visto y cae en su red. Es entonces cuando ella se acerca a él y se deja ver. Deja que su presa contemple su abultado abdomen, su brillante cefalotórax, sus ágiles queliceros, que observe cómo la flexibilidad del pedicelo hace que el epigino se acerque a su indefenso cuerpo para vestirlo, poco a poco, vuelta a vuelta, con un blanco y pegajoso vestido. Demasiado tarde para que él pueda reaccionar. Está paralizado. Es el carnoso esternón de ella lo último que ve antes morir asfixiado.
Esta noche la araña cenará saltamontes.
“Gracias… me encanta la colonia, tía…” Digo esto mientras mis manos meten el frasco de colonia en la caja de cartón, la envuelven en celofán y le ponen un lazo rojo. A continuación le doy el paquete a mi tía, que espera con una sonrisa.
— Felicidades, bonita…
Es ella la deja el regalo encima de la mesa del salón y me acompaña por el pasillo a la puerta de salida.
— ¿Qué tal estás, bonita?
Mi tía cierra la puerta y yo me dirijo al ascensor que me baja hasta el portal. Salgo a la calle y busco el timbre de la casa de mi tía. Empiezo la tarde pensando “que no sea una colonia, por favor…”
Título preliminar:
1.1. Mi bar se constituye en un local social y antidemocrático donde mando yo, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico el alcohol, el tabaco, las drogas (sólo en los baños), el plurlismo musical y el abono inmediato de las consumiciones.
1.2. La soberanía nacional reside en mí (que para eso soy el dueño), del que emanan los poderes de mi bar.
1.3. La forma política de mi bar es la dictadura moderada, es decir, si te pasas de la raya te echo a la calle gilipollas.
2. El balbuceo es la lengua oficial de mi bar. Todos los visitantes tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.
3. La riqueza de las distintas modalidades de balbuceo de mi bar es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección por parte de los camareros.
Cerré los ojos y oí el chirriar de la guillotina al caer hacia mi cuello. Era un silbido agudo que bajaba en dirección a mí. La afilada hoja pasó rápida. Ágil. Y se hundió en el cuello del condenado. Me encanta ser verdugo.