La cabeza consta de dos partes, que son: el cráneo y la cara. El cráneo consta de ocho huesos, que forman una caja muy dura y resistente, destinada a contener y proteger el encéfalo. Precisamente a la altura de esta última palabra, enmudeció, tomó la pistola de su padre con la mano izquierda, porque era zurda, apoyó el cañón sobre la sien y se dispuso apretar el gatillo. Volarle la tapa de los sesos- musitó como había oído en las películas. Suspiró aliviada cuando descubrió el agujero que la bala, tras el impacto, había hecho en aquella minúscula cabeza. Sólo entonces corroboró su teoría: su abuelo le había mentido; las muñecas no tenían cerebro.
La cabeza
El voyeur
La mujer de la limpieza dio órdenes precisas de que sacaran al muerto. Fue entonces cuando aquel tipo desgarbado, pálido, se acercó con aquel andar que encerraba cierta amargura y, con unas manos delicadas y unos movimientos asombrosamente minuciosos, tomó el cuerpo y procedió a trabajarlo con la paciencia y el escrúpulo de un coleccionista de mariposas. Cuando el proceso fue completado y el trabajo estuvo listo, terminó de un sorbo su taza de café y, ante la estupefacción del público, desapareció del escenario como por arte de magia. Momento tras el cual bajaron el telón y las luces se apagaron. Lo único que recuerdo es una música aguda y estridente en mitad del patio de butacas. Ahora, frente a la demente mirada del taxidermista, comprendo que yo soy su próxima víctima.
El tren y tu
Madrugada del viernes, 3:45, TALGO 00610, coche 4, ventana, por favor. Llegada Puerta de Atocha, Madrid. Sus ojos se detuvieron examinando concienzudamente aquel último escalón. Siempre había experimentado una especie de vértigo al llegar al final del descenso. A continuación, tomó el bolso con la mano izquierda mientras la misma voz que la había acompañado a lo largo de todo el trayecto anunciaba la llegada a la capital. Pensó en aquella mesa del Café Manuela en la que se abrazarían. Antes de distraerse perfilando su reflejo en el vaho del cristal, decidió cerrar el libro. Le sobrevino la desagradable idea de que aquella mujer comenzaría a roncar de un momento a otro. Examinó cómo dormitaba bajo la protección del maquillaje y, acto seguido, abandonó la lectura durante una fracción de segundo para espiar a aquella mujer que viajaba a su derecha. Tras observar el modo en que el paisaje oscurecía con el paso del tren, miró por la ventana y, recordando su primer encuentro, se abandonó al traqueteo del tren abriendo el libro por la página noventa. Mientras se decidía a sacar su libro del bolso, se vio obligada a escuchar, vía telefónica, los pormenores de la vida sexual de su compañera de compartimento.
00:45. Próxima estación, Tafalla. A las 23:00 el tren iniciaba su marcha. 22:50, cierre del acceso al tren dos minutos antes de la salida. A las 22:45, haciendo alarde de su puntualidad, aquella máquina de acero que la transportaría a su ansiado reencuentro llegaba a la estación. Cinco minutos antes guardaba con cautela el billete tras leer en el extracto las indicaciones de la compañía. Este billete constituye su contrato de transporte, consérvelo hasta el fin del viaje. En ese instante, atrapada en aquel habitáculo nauseabundo, imaginaba el trayecto y la llegada. A las 22:30, el último camarero, agotado tras la jornada intensiva, dio una vuelta a la llave mientras dictaminaba que las cañerías de los servicios debían revisarse con urgencia, ya que emitían unos ruidos muy extraños.
