¿Por qué escribir, siendo tan arduo? Al principio es como uno de esos viajes de los que no se espera nada, porque ya se conoce todo, porque ya se ha estado allí, porque no hay nada nuevo bajo el sol. Y sin embargo, siempre se acaba viviendo algo distinto y el viaje ha merecido la pena.
¿Por qué quedarse en la superficie del espejo? ¿No es pura cobardía no querer mirar dentro de él? Paso al otro lado del espejo con machete y sombrero de explorador. Me exploro, me asombro, me fascino. Descubro pirámides olvidadas engullidas por la jungla, llenas de fantasmas azules. Buceo y estudio con el interés de los primeros naturalistas la anatomía monstruosa de los peces aplastados y ciegos que se arrastran por el fondo del océano. Criaturas que permanecen agazapadas al otro lado del espejo esperando que las encuentre y las sitúe en este mapa lleno de lagunas.
Una curiosidad egocéntrica me aguijonea. Una vez descubierto el otro lado del espejo no puedo permitir que sus maravillas y sus horrores permanezcan ignorados, cuando forman parte de mí. Porque lo que se ignora siempre es como si no existiera, y si no existiera esa parte del otro lado del espejo, ¿qué quedaría de mí?
