Estaba bajando las escaleras cuando tropezó con uno de los cordones del zapato. Comenzó a rodas escaleras abajo, llevando por delante al gato de la portera, que, lleno de furia, le clavó las uñas transmitiéndole una rara enfermedad nunca vista hasta entonces. Su cuerpo de cubrió de llagas de las que florecían amapolas que liberaban unos efluvios que lo adormecían. Expertos de todo el mundo llegaron para observar el fenómeno y cuando finalmente sucumbió al dulce sueño definitivo, su cuerpo-jardín fue disecado y expuesto en la Facultad de Botánica de la Universidad de Lieja.
February 18, 2008
Un destino ilustre
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