Eigualaemececuadrado es el nombre que mi padre, profundo admirador de Einstein, me puso. No me puso Alberto, o al menos Albert. No. Me puso Eigualaemececuadrado.
Según mi padre, debería estar orgulloso de llevar el nombre de la teoría física más importante de la Historia. Para mí, es un suplicio. Cada vez que tengo que dar mi nombre debo aguantar los codazos y las risas a lo largo del penoso deletreo. Mis amigos no encuentran un diminutivo adecuado para llamarme. Mi hermano pequeño, Peigualaemege, lo tiene mucho más fácil en la vida.
Pero lo peor de todo es que, para enorme decepción de mi padre, Catedrático de Ciencias Físicas, soy totalmente negado para las ciencias, y nunca he llegado a comprender qué significa mi nombre.
