La mujer de la limpieza dio órdenes precisas de que sacaran al muerto. Fue entonces cuando aquel tipo desgarbado, pálido, se acercó con aquel andar que encerraba cierta amargura y, con unas manos delicadas y unos movimientos asombrosamente minuciosos, tomó el cuerpo y procedió a trabajarlo con la paciencia y el escrúpulo de un coleccionista de mariposas. Cuando el proceso fue completado y el trabajo estuvo listo, terminó de un sorbo su taza de café y, ante la estupefacción del público, desapareció del escenario como por arte de magia. Momento tras el cual bajaron el telón y las luces se apagaron. Lo único que recuerdo es una música aguda y estridente en mitad del patio de butacas. Ahora, frente a la demente mirada del taxidermista, comprendo que yo soy su próxima víctima.
February 5, 2008
El voyeur
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