Decían que la vieja mansión abandonada y en venta estaba maldita. Más ambicioso que cobarde decidí pasar una noche en ella para desmentirlos.
Carcomidos muros, repugnante sarro, apestosas ratas y fantasmales telarañas mostraba mi débil linterna, de la casa sin espejos, con tenebrosos muebles y ciegos cuadros.
Al amanecer salí a rastras. Dueños y policía se acobardaron y me dispararon. Vivo feliz sin salir, sin espejos y encantado con las ratas.
